Cuando fe y negocio van por separado, se pierde la paz, el sentido y la dirección. Esto va de poner a Dios en el centro, y hacerlo en comunidad.
Quiero formar parteNo somos un grupo de networking, ni una formación, ni terapia. Somos una comunidad viva donde compartimos lo personal, lo profesional y lo espiritual.
Nuestro propósito es facilitar que emprendedores cristianos puedan vivir, decidir y construir su vida y sus negocios desde Dios. No como una idea abstracta, sino como una realidad: un Dios vivo y presente en el centro de nuestra vida.
Acompañar a emprendedores a poner a Dios en el centro de sus proyectos y de sus vidas, formando una comunidad que crece en verdad, en profundidad y en servicio.
Has alcanzado metas y algo en ti sabe que no es suficiente. Buscas que tu trabajo tenga un sentido más hondo.
El domingo oras. El lunes decides desde la presión. Quieres integrar lo que eres con lo que haces.
Tomas las decisiones importantes sin nadie que comparta tu mirada. Necesitas caminar acompañado.
Las mesas: grupos pequeños, espacio cerrado y seguro, donde se comparte la vida tal como es. Decisiones, dudas, retos, éxitos, fracasos, alegrías y heridas. Todo mirado desde Dios.
No es un añadido. Es el lugar donde se ordena la vida, nace la paz y se iluminan las decisiones. Oración personal y comunitaria como centro invisible de todo: cobijo, fortaleza y valentía para actuar como hijos de Dios.
Espacios que integran conocimiento, experiencia y fe. Reconocer los dones de Dios y ponerlos al servicio. Crecer como personas, como emprendedores y como hijos de Dios.
Las mesas son grupos de 8 a 12 emprendedores que se reúnen cada mes en un espacio seguro y confidencial. No es un grupo de networking. No es formación. Es un lugar donde traes tu vida real —tus decisiones, tus dudas, tus fracasos, retos, alegrías y heridas— para mirarlas juntos desde Dios. Se comparte desde la experiencia, sin juzgar ni opinar, en confidencialidad. Un lugar donde la verdad se dice, se escucha y se acompaña.
Porque algo en ti busca esto.
Descubres cómo funcionamos.
Si encaja, das el sí. Empieza el camino.
A tu vez, sostienes el crecimiento de otros.
"Testimonio pendiente."
"Testimonio pendiente."
"Testimonio pendiente."
En esta comunidad nadie es solo espectador. Cada uno ha recibido dones de Dios y está llamado a ponerlos al servicio del bien común.
La aportación puede ser tiempo, talento, recursos económicos, oración, servicio, relaciones o acompañamiento. En oración decides qué, cómo y cuánto aportar, y lo compartes con la comunidad, responsable del compromiso adquirido con Dios, contigo y con EDC.
Cómo nos sostenemos →Sumarte a EDC empieza con un paso sencillo.
No hay cuota fija. EDC funciona con un modelo de corresponsabilidad: cada miembro aporta según lo que ha recibido y lo que puede dar, de forma libre y discernida —tiempo, talento, dinero, oración o servicio—. No es una cuota: es una ofrenda. Lo hablamos contigo cuando nos conozcamos.
EDC nace de una visión cristiana del emprendimiento. La puerta está abierta a todo emprendedor que busque a Dios con sinceridad.
Lo esencial es el encuentro mensual de la mesa. El resto, lo que cada uno quiera dar.
Y desde ese centro, todo se ordena, todo se ilumina, todo cobra sentido.